viernes 13 de noviembre de 2009
Para el actor.
lunes 31 de agosto de 2009
Quisiera ser ancla de barco
Para viajar por los siete mares
Para surcar todas las aguas
Para volar con las aves.
Quisiera ser ancla de barco
Mojarme de sal
Salarme de mar
Y soñar… sólo soñar.
Quisiera ser ancla de barco
Y que el agua no me dejase escuchar
Los gritos y aullidos
Que hacen al mundo temblar
Quisiera ser ancla de barco
y ver a los peces bailar
Hacer música con mi peso
Al rozar la superficie del mar.
Quisiera ser ancla de barco
Y nunca a puerto llegar
Quisiera ser ancla de barco
Que no anclase jamás.
Quisiera ser ancla de barco
Y ver a los peces cantar
Ver cómo crece el mundo
Aunque las aguas sigan igual.

QUISIERA SER ANCLA DE BARCO
Irene Ibáñez Campillo.
sábado 29 de agosto de 2009
CaDa LoCo CoN sU tEmA
y una mariposa al Rockefeller Center
un buen polvo a un rapapolvo
jueves 27 de agosto de 2009
¿Tenía razón Don Juan?

A veces, cuando eliges una película, puede que ésta sea, sin que tú lo sepas, la película que más encaja con el momento de tu vida por el que estás pasando en ese mismo instante.
Vuelvo a reflexionar sobre el amor y las relaciones sentimentales y qué vínculo tienen con las relaciones físicas. Estamos en un momento en el que el mundo está dejando atrás el antiguo y verdadero romanticismo, disfrazando esa pérdida con cenas a la luz de las velas y ramos de rosas. Pero eso no es más que un pequeño resquicio de lo que fue una de las mayores creaciones del ser humano. ¿Acaso intentamos coleccionar parejas, aunque sean de una noche, como una simple protección de nuestros miedos a arriesgarlo todo a una carta? ¿Tenemos, aunque no lo hayamos experimentado nunca, miedo a que nos rompan el corazón? ¿Somos entonces, los que rechazamos- y cada vez somos más- el romanticismo unos cobardes que intentan alejar aquello que nos humaniza? Y por ese miedo, ¿es el romanticismo una especie en extinción?
El romanticismo es sin duda una gran intriga, pues aunque me considero una materialista, empirista y racionalista, que mira el amor como una fiesta privada de hormonas selectas, me pregunto si acaso dejarnos llevar por esos sentimientos no nos hace más humanos al ser sólo nosotros los que podemos tenerlos. O ¿acaso el amor es sólo un engaño, una farsa? ¿Existe o nuestro propio cuerpo nos miente?
El sexo es, sin duda, un instinto animal y necesario, como lo es beber agua, pero el amor está a un nivel distinto. Mientras que el sexo, de manera exclusiva, puede ser satisfactorio, el amor es sin duda excelente. Pero como pasión que es, es un riesgo. Cuando hacemos una apuesta tan alta con los sentimientos, nos balanceamos sobre una cuerda floja que se deshilacha a cada segundo y en donde, en vez de una red de seguridad, hay un lago lleno de cocodrilos.
¿Entonces, por qué queremos, todos y cada uno de nosotros, al menos una vez en la vida, dejar de pensar exclusivamente en el placer físico para adentrarnos en el sentimental? ¿Somos adictos a nuestras propias hormonas, “hormoadictos”? Eso puede ocurrir con la adrenalina, ¿por qué va a ser distinto con lo que nos produce el amor? Comenzamos soñando con nuestro primer amor, y “boom”, ahí comienza nuestro enganche hormonal. Y no queremos, aunque nos duela y llegue a matarnos, dejarlo.
El romanticismo es, sin intentar llevarlo a un lado racional, el movimiento al que se apuntan los grandes amantes sin cuestionarse cómo funciona o si tiene algún sentido. El amor siempre ha ocupado espacio en las reflexiones de todos nuestros artistas. Los poetas han escrito cientos de miles de páginas sobre el amor, Romeo y Julieta salen de una de las grandes obras de teatro, el cine pone cara y voz a todos aquellos amantes fugitivos … ¿En qué nivel está el amor para el ser humano? Y, ¿es para todos igual de importante?... El amor… ¿resulta un buen motivo al que dedicar nuestra vida, como decía Don Juan? Y estas preguntas, quién debe contestarlas, ¿alguien que aún no lo ha probado realmente o quien está “borracho de amor”?
Sigo meditando en esto en este momento de mi vida en el que la filosofía en la que me escudé parece resquebrajarse. El sexo es sólo una parte, una necesidad fisiológica más. El amor, es la droga de nuestro cerebro y de nuestro corazón. Nos embriaga de manera muy exclusiva. Es muy elitista. Incluso Don Juan, que “amaba” a todas las mujeres, realmente solo amaba a una de ellas.
La película de la que hablaba -y os recomiendo- al principio de este artícula, la que ha conseguido darme un paso más en estas reflexiones es el film DON JUAN DE MARCO, dirigido y escrito por Jeremy Feyen, protagonizada por Marlon Brando y Jhonny Deep en 1994. Producción de F.F. Coppola. Es una historia que reflexiona acerca del amor en una sociedad que dejó atrás el verdadero romanticismo.
¿Qué puedes pensar cuando el verdadero Don Juan llega hasta tí?
Es simplemente magestuosa
"You need me, for the transfusion, it's only in my world that you can breathe".
Gracias Don Juan.
Irene.Ibáñez.Campillo.
martes 25 de agosto de 2009
Thank you Shakespeare.
“Os ruego que recitéis el pasaje tal y como lo he declamado yo, con soltura y naturalidad, pues si lo hacéis a voz en grito, como acostumbran muchos actores, valdría más que diera mis versos a que los voceara el pregonero. Moderación en todo, pues hasta en medio del mismo torrente, tempestad y aún podría decir torbellino de vuestra pasión, debéis tener y mostrar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. Me hiere el alma oír a un robusto jayán (un jayán es un gigantón) con su enorme peluca desgarrar una pasión hasta convertirla en jirones y verdaderos guiñapos, hendiendo los oídos de los gobios del gallinero que, por lo general, son incapaces de apreciar otra cosa que incomprensibles pantomimas y barullo... No seáis tampoco demasiado tímidos; en esto, vuestra propia discreción debe guiaros. Que la acción corresponda a la palabra y la palabra a la acción, poniendo un especial cuidado en no traspasar los límites de la Naturaleza, porque todo lo que a ella se opone, se aparta igualmente del propio fin del arte dramático, cuyo objeto, tanto en su origen como en los tiempos que corren, ha sido y es presentar, por así decirlo, un espejo a la humanidad; mostrar a la virtud sus propios rasgos, al vicio su verdadera imagen, y a cada edad y generación su fisonomía y sello característico.”
lunes 24 de agosto de 2009
Tiempo y Temporalidad

No entiendo cómo no me he dado cuenta antes, ante tantas presiones que he soportado y tantas presiones que he visto a quienes me rodean. Siempre nos piden algo ¡ya!, de inmediato, con un plazo de entrega y es que nuestras propias vidas parecen tener un plazo de entrega. No sólo el tema del trabajo se ve condicionado por esta variable, sino que nosotros mismos, al ser conscientes de nuestra caducidad, tenemos que ponernos tiempo para todo. A los 23 quiero haber terminado una carrera. A los 30 tengo que tener ya una relación estable, sólida, casada incluso ( y desgraciadamente, estos datos varían según el sexo), a los 40 haber tenido 1 o 2 hijos y la vida resuelta, a los 60 jubilarme e irme a una casita en el campo y ponerme a construir muebles o escribir un libro... pero ¿por qué? Para resolver esto debemos preguntarnos por la misma concepción del tiempo. Increíblemente éste es diferente según donde nos encontremos, por ejemplo, una vez leí en una novela (Ébano, de Ryszard Kapuściński) que en una zona de África el tiempo no es infinito y constante como así entendemos en nuestro mundo, sino que es la medida para contar la duración de las cosas que ocurren. Mientras nada pasa, no transcurre el tiempo. Podemos compararlo algo así como un cronómetro siempre vigilante a cualquier cambio que haya en el mundo. Creo, poniéndome en la piel de un europeo (algo muy dificil pues soy una de ellos) es un concepto casi imposible de entender en nuestras vidas. Mientras que el tiempo les sirve a ellos, nosotros servimos el tiempo, y aunque nuestro tiempo es infinito, nuestro "tiempo" siempre se está acabando...
Irene. Ibáñez. Campillo.
domingo 23 de agosto de 2009
El Septimo Arte.

